Torturas y castigos colectivos: La práctica criminal normalizada de las instituciones penitenciarias israelíes contra lxs presxs políticos palestinxs.

 Robert Inlakesh

En medio de las crecientes tensiones por los malos tratos a las mujeres palestinas en las cárceles israelíes, un ex preso palestino ha expuesto su experiencia en la detención israelí, así como dio testimonio sobre las torturas físicas y psicológicas a las que fue sometido.

Los grupos de defensa de los presos afirman que las mujeres palestinas se enfrentan a una amplia gama de violaciones de derechos humanos en las cárceles israelíes.

A principios de diciembre, tres presas palestinas -Shorooq Douyat, Marah Bakir y Muna Kaadan- fueron maltratadas y puestas en régimen de aislamiento, según el Club de Presos Palestinos, organización que representa a los presos políticos.

Charlotte Kates, coordinadora de la Red de Solidaridad con los Presos políticos palestinos Samidoun, dijo que «la mayoría de las presas palestinas están recluidas en la cárcel de Damon, una prisión notoriamente mal mantenida, formalmente un establo para animales».

Según sus palabras, los guardias israelíes de la cárcel de Damon, cerca de la ciudad de Haifa, llevaban varios días asaltando las celdas de las mujeres y «agrediéndoles físicamente».

A una mujer le arrancaron el Hijab de la cabeza y algunas perdieron el conocimiento, también exigen el traslado de las mujeres en mitad de la noche a otras celdas», dijo.

Kates afirma que los guardias israelíes adoptaron estos métodos como castigo a las protestas de las mujeres contra las medidas opresivas de las autoridades penitenciarias.

«Durante los últimos tres meses, no se les ha permitido ninguna visita familiar, se les prometió llamadas telefónicas, pero en lugar de ello han soportado ataques despiadados por parte de los guardias israelíes», declaró. Kates explicó que «en virtud de la Convención de Ginebra, no se les permite ser trasladadas a otros territorios y todas han sido llevadas a Israel, y lo que esto significa es que para que puedan tener visitas familiares (muchas de las mujeres son madres) necesitan permisos especiales… que a menudo les son denegados por la ocupación israelí».

Para saber más sobre los abusos que sufren los presos políticos palestinos, hablamos con un joven llamado Abdul-Khaliq, que ha soportado él mismo las «técnicas de tortura» israelíes. Condenó enérgicamente las medidas adoptadas ahora contra las presas y se sinceró por primera vez sobre su historia.

«A nadie le importa lo que nos pasa».

Abdul-Khaliq Burnat es un palestino de 21 años del pueblo cisjordano de Bil’in. Fue encarcelado por primera vez siendo menor de edad durante 13 meses en 2017, seis de los cuales estuvo en detención administrativa sin cargos. Dice que en mayo, durante la guerra de 11 días del ejército israelí contra Gaza, fue «secuestrado» por las fuerzas israelíes a altas horas de la noche en su casa familiar y retenido en el notorio centro de interrogatorios conocido como Centro de Detención Al-Moskobiya.

Abdul-Khaliq afirma que nunca ha practicado la violencia contra los ocupantes israelíes, pero que las fuerzas israelíes le han disparado tres veces durante manifestaciones no violentas. Sufrió una lesión en la cabeza y la espalda tras recibir un disparo por la espalda, y también recibió un disparo en el brazo. Su hermano menor, Mohammed, también fue detenido en mayo y ha pasado los últimos ocho meses en detención administrativa. Dos de esos meses, Mohammed también estuvo en la prisión de Moskobiya, y fue hospitalizado tres veces, según sus abogados. Mohammed sólo tenía 17 años cuando lo detuvieron.

«No te puedes imaginar esta vida, durante dos meses estuve retenido y fue un interrogatorio constante seguido de aislamiento y tortura tanto física como psicológica. ¿Por qué? ¿Cuál fue la razón por la que me llevaron? No hice nada y ni siquiera me acusaron, al final me dejaron ir», me dijo Abdul Khaliq.

Le pregunté qué métodos de tortura había experimentado personalmente en el centro de detención de Moskobiya.

«Me gritaron, me golpearon con los puños, me abofetearon y utilizaron herramientas. Me restringieron con una cremallera de plástico que me cortaba las muñecas, mientras me ataban a una silla en posición de estrés durante 20 horas al día», dijo. «Durante tres días seguidos me tuvieron en una celda diminuta y maloliente; hacía mucho frío allí dentro y no había luz, me despojaron de toda la ropa durante todo el tiempo y me ataron desnudo, no me dieron comida y ni siquiera pude usar el baño», dijo.

En opinión de Abdul-Khaliq, los guardias hicieron esto para humillarlo, obligándolo a defecar encima si no podía aguantarse.

«Durante todo el tiempo que estuve allí no se me permitió hablar con nadie, excepto con los interrogadores de la inteligencia israelí. Se limitaban a dejarme en posiciones de estrés mientras me congelaban y volvían para golpearme y hacerme más preguntas. No se me permitió hablar con mi familia ni con mis amigos en absoluto. No tenía nada en la sucia celda, sólo un retrete y una cama. La comida que nos daban era comida para animales, ni siquiera para humanos. ¿Pero sabes qué? Tú eres el único que ha pedido contar mi historia, a nadie le importa lo que nos pasa», dijo.

La agresión israelí de 11 días en mayo se saldó con la muerte de 256 palestinos, entre ellos 66 niños y 40 mujeres, según la ONU. «Israel» perdió a 12 personas, entre ellas dos niños.

Abdul-Khaliq dice que él y su hermano fueron detenidos y llevados al centro de detención en medio de la agresión, cuando «Gaza estaba siendo bombardeada y los niños y las mujeres estaban siendo asesinados». En sus palabras, los interrogadores israelíes «me hablaban constantemente de esto y se reían de ello».

Me ponían al día sobre quiénes habían sido asesinados, civiles inocentes, y se reían en mi cara diciéndome que no les importaba quiénes habían sido asesinados», dijo. Abdul-Khaliq citó a uno de los interrogadores diciendo «podemos matar a cualquiera en Gaza y si queremos podemos matarte a ti también, esto no es un problema para nosotros, a nadie le importáis los sucios árabes».

Abdul-Khaliq cree que «la gente tiene que saber lo que nos están haciendo». En su opinión, «lo que están haciendo ahora con las presas es un crimen».

«¿Cómo se puede justificar esto y por qué la gente sigue callada? Se llevan y abusan de mujeres y hombres inocentes, pero nadie quiere preguntar nada al respecto, es como si no existiéramos para ellos.»

La semana pasada, en lo que es una respuesta a las medidas violentas contra las reclusas, un «preso de Gaza» utilizó presuntamente un cuchillo improvisado para apuñalar y herir levemente a un guardia israelí en la prisión de Nafkah. Según los medios de comunicación palestinos, en respuesta, las autoridades penitenciarias israelíes llevaron a cabo un castigo colectivo contra las presas de la «Sección 12» de la cárcel, sujetándolas con cadenas de hierro en el exterior, tras despojarlas de sus ropas y dejarlas al frío.

Los grupos políticos palestinos, como Hamás, han calificado las medidas adoptadas contra las presas, y después contra la población carcelaria masculina, como una línea roja que se ha cruzado, y han amenazado con tomar represalias.

La represión contra las presas ha tocado la fibra sensible de la sociedad palestina en general. Se calcula que hasta 700.000 palestinos -10.000 de ellos mujeres- han sido detenidos por Israel desde 1967.

Fuentes: RT